Ferran Terrasa: “Las centrales no son seguras porque sean nuevas, sinó porque se revisan y se mejoran constantmente”

Ferran Terrasa es ingeniero nuclear y director de Servicios Técnicos en l’Associació Nuclear Ascó Vandellòs. (ANAV).

¿Las centrales están viejas o no para seguir funcionando?

Las centrales nucleares se rigen por criterios basados en su seguridad, su fiabilidad y su estado de conservación. Si han estado siempre bien operadas y mantenidas, su edad es un dato más pero no un elemento determinante. Su vida no se mide en años, sino en si sus estructuras, sistemas y componentes siguen cumpliendo con los amplios márgenes de seguridad necesarios y exigidos por la normativa. Una central que no fuese segura, no estaría funcionando, independientemente de los años que tenga. Es más, puede afirmarse que unas centrales como las de Ascó y Vandellós II son, a fecha de hoy, más seguras y modernas que cuando empezaron a funcionar hace 40 años por todas las mejoras que se les han realizado en todos estos años de inversión continuada.

Para determinar la idoneidad de su estado, a nivel internacional, organismos como la International Atomic Energy Agency (IAEA) establecen que una central puede seguir operando mientras supere periódicamente revisiones de seguridad muy exigentes, que incluye aspectos como la gestión del envejecimiento y la modernización de la instalación para hacer frente a nuevas normativas o riesgos. En cada instalación, los planes de gestión de vida y los programas de gestión del envejecimiento que se ejecutan vigilan permanentemente el estado de los sistemas y definen las posibles acciones de mantenimiento y de renovación tecnológica para que estos sigan estando en óptimas condiciones de funcionamiento.

Las centrales trabajan para mantener este buen estado y por su parte, el organismo regulador en España, el Consejo de Seguridad Nuclear, supervisa tanto los procesos de gestión del envejecimiento como los procesos de revisión periódica de la seguridad que permiten renovar las autorizaciones de explotación de las centrales nucleares, no solo manteniendo, sino mejorando continuamente, la seguridad.

¿Cuánto tiempo pueden operar con seguridad?

Tal y como se ha explicado en la pregunta anterior, unas óptimas condiciones para la operación de las centrales nucleares están directamente relacionadas con el trabajo ininterrumpido de las compañías para mantenerlas en el mejor estado y con la supervisión continuada del organismo regulador para confirmar que funcionan de manera segura y con un estado técnico excelente. Por todo ello, la respuesta es que no hay un tiempo preestablecido de funcionamiento de estas instalaciones. Hoy es habitual que las centrales tengan autorizaciones para operar que van hasta los 60 y 80 años en muchos países. Por ejemplo, North Anna, que es una central nuclear gemela de Ascó, ubicada en los Estados Unidos, tiene ya concedida esa autorización hasta los 80 años una vez realizada, por supuesto, la correspondiente evaluación exhaustiva de su estado por parte del correspondiente organismo regulador. Si la central está operando, no tengamos ninguna duda que lo está haciendo de manera segura y fiable. Además de nuestro compromiso con ello como operadores y profesionales, en España, el CSN, como organismo regulador, lo avala también con su supervisión y requerimientos.

¿Hay alternativas reales para sustituir completamente la energía nuclear?

En un contexto mundial en el que estamos priorizando la electrificación como medida para ayudar a combatir la emisión de gases de efecto invernadero, todas las fuentes de generación no emisoras deben ser utilizadas y combinadas para obtener sistemas eléctricos robustos, fiables y limpios. La energía nuclear destaca por su producción continuada (24 horas al día, 7 días a la semana) y por sus niveles de muy bajas emisiones de CO₂, además de su contribución a la estabilidad y robustez del sistema eléctrico por sus características de capacidad de control de tensión.

Lo que necesitamos es sustituir las fuentes de generación emisoras como el gas o el carbón por una combinación de renovables (imprescindibles para descarbonizar la economía y un recurso estratégico en el caso de España) con nuclear que les aportan un respaldo técnico (almacenamiento, redes, tecnologías firmes). Por todo ello, el planteamiento más sensato no es hablar de sustituir nuclear por renovables, es el de crear un sistema robusto en el ambas se complementen. Esta visión está ampliamente recogida por la IAEA y organismos internacionales de energía y se puede evidenciar con las políticas seguidas por la mayoría de países del mundo.

¿Por qué los residuos radiactivos están en piscinas?

La gestión del combustible gastado es un proceso más dentro de la operación de las centrales que lleva realizándose de manera segura y fiable desde su puesta en servicio. Todo el combustible gastado se mantiene dentro de los emplazamientos nucleares y, en primera instancia se almacena en depósitos cubiertos por agua, las denominadas piscinas, porque cuando el combustible nuclear se extrae del reactor sigue generando calor y emitiendo radiación, aunque el combustible ya no experimente reacciones nucleares de fisión y el agua actúa como protección y blindaje para preservar la seguridad. En resumen, las piscinas lo refrigeran, lo blindan radiológicamente y permiten un control continuo y seguro del combustible gastado.

Este sistema se utiliza en todo el mundo y está regulado por normas y vigilancias internacionales muy estrictas, como la de EURATOM. A posteriori y transcurrido un tiempo, este combustible gastado puede almacenarse también en seco como estamos haciendo ya en los Almacenes Temporales Individualizados (ATI) que tenemos en las centrales. Estos grandes contenedores sobre una losa de resistencia sísmica comprobada también guardan, de manera segura para las personas y el medio ambiente, estos elementos combustibles.

¿Qué pasa si te caes a una de estas piscinas?

Este es un escenario muy imaginado, pero poco realista y, aunque de una probabilidad muy baja, como todo lo que puede suceder en una central nuclear, está analizado. En las centrales la evaluación de posibles riesgos y la cultura de seguridad son una constante en todas nuestras acciones y en la manera de trabajar que tenemos todos los que trabajamos en ellas.

En el supuesto escenario en el que una persona cayese a una piscina con elementos combustibles almacenados que, por supuesto cuentan con barreras físicas de protección para que esto no pueda suceder con facilidad, el primero y mayor riesgo sería el mismo que en otra piscina industrial profunda (y sí, en las cercanías de las piscinas de combustible gastado hay aros salvavidas). De la posible irradiación nos protegería el volumen de agua que habría entre nosotros y los elementos combustibles (La piscina tiene unos 12 metros de profundidad). Finalmente, si se diese ese escenario, tras el rescate, se revisaría también si la persona pudiese tener algún rastro de contaminación. Lo más importante quizás es poner en valor que si sucediese algo así, por procedimiento y por el enfoque con el que se trabaja en las centrales nucleares, se realizaría un exhaustivo análisis de lo sucedido para determinar lo sucedido y como hay que evitar (con medidas físicas, formación, etc.) que vuelva a suceder. Además, es reseñable poner en valor otra característica bastante singular de la industria nuclear que es la de compartir la información de lo que sucede en una instalación para que las otras centrales del mundo aprendan de ello y eviten que les pueda suceder algo similar. Se denomina compartir experiencias operativas y es algo que ha contribuido que, como decía en la primera pregunta formulada, hoy nuestras centrales sean mejores que cuando fueron construidas.

¿Cómo y a dónde se llevan esos residuos?

Si nos referimos al combustible gastado, este, tras varios años en las piscinas anteriormente referidas, se puede trasladar a almacenamientos en seco, dentro de contenedores de acero y hormigón, muy robustos, que permanecen a la intemperie, y se refrigeran de manera indefinida mediante el aire circundante, sin riesgos de irradiación ni contaminación ni para las personas ni para el medio ambiente. Esto son los conocidos como ATI o almacén temporal individualizado que ya hemos citado y que, de acuerdo a la política que gestión que ha determinado el Estado español y que se recoge en el séptimo Plan de Gestión de Residuos Radiactivos, será la solución hasta que, a largo plazo se construya un almacén geológico profundo. Esta instalación, es la solución internacionalmente aceptada y supone un depósito, a cientos de metros bajo tierra, en formaciones geológicas estables, como arcillas, granitos o sales. Países como Finlandia y Suecia ya están muy avanzados en esta fase de la gestión del combustible gastado.

Existe otro tipo de residuos, los denominados de media y baja actividad, que se producen en centrales nucleares, hospitales o en determinadas actividades industriales y con estos lo que se hace es trasladarlos y almacenarlos en el Cabril, en la provincia de Córdoba. En una instalación gestionada por la empresa pública Enresa.

¿Son peligrosos para siempre?

La radiactividad disminuye con el tiempo, aunque el tiempo del que estamos hablando cambia mucho en función del tipo de residuo al que nos refiramos por lo que no, no son peligrosos para siempre pero sí que requieren de una gestión adecuada que ya estamos realizando.

Algunos residuos pueden requerir aislamiento durante miles de años, pero no todos ni con la misma intensidad. La clave es aislarlos adecuadamente mientras pueden tener riesgo pero esto es un proceso técnicamente conocido y estudiado desde hace décadas, existiendo análogos naturales que demuestran que ese aislamiento es totalmente factible.

¿Se entierran? ¿Dónde? ¿A qué profundidad?

La solución de depositarlos bajo tierra es la solución técnicamente más probada para los residuos de alta actividad (en nuestro caso el combustible gastado). Los elementos combustibles, una vez han finalizado su vida útil se almacenan de manera segura en repositorios geológicos profundos, típicamente entre 400 y 500 metros bajo tierra, en formaciones geológicas muy estables, como sales, granitos y arcillas. Estos almacenes de alta tecnología están constituidos por una red de túneles excavados a gran profundidad, en la que se pueden almacenar los contenedores con el combustible gastado, interponiendo lo que se conoce como barreras múltiples de ingeniería para confinar estos materiales, de forma segura, durante miles de años.

Esta solución está respaldada por décadas de investigación internacional y análogos naturales, como los reactores nucleares naturales de Oklo, en Gabón, y es considerada plenamente segura por la comunidad científica internacional. A fecha de hoy hay ya hay instalaciones operativas en el mundo como el caso de Onkalo en Finlandia.

¿Es verdad que los peces crecen más cerca de las centrales?

Es un mito. Alrededor de la energía nuclear existen temores y dudas que han ido consolidando como mitos porque ha faltado información veraz de como son y cómo funcionan las centrales nucleares. Todos los que trabajamos en ellas intentamos explicar nuestra realidad y nuestro día a día para que todo el que quiera, pueda tener acceso a datos y conocimiento que permitan separar y distinguir lo que es realidad de lo que es ficción o mito. Los profesionales nucleares y las centrales tenemos herramientas de divulgación e información como en el caso de ANAV nuestro canal de YouTube, página web o nuestro pequeño museo dedicado a explicar como es y cómo funciona una central para contribuir explicar para que se pueda entender e interpretar todo lo relacionado con la energía nuclear. Más allá de planteamientos o posicionamientos, recomiendo encarecidamente buscar fuentes de información fiables y, a ser posible diversas, para tener una visión amplia y un conocimiento sustentado de la realidad.

Cerca de una central nuclear sí podemos observar dos fenómenos relacionados con la fauna. Por un lado, que en las zonas naturales de exclusión, cerca de una central nuclear, hay menos intrusión humana y eso puede favorecer una mayor exuberancia natural en el entorno y por el otro que, el agua, ligeramente más caliente en la descarga de nuestros sistemas de refrigeración, puede atraer más a la fauna pero en ningún caso no impacta en su morfología y, además es algo que se verifica en controles ambientales que se realizan sistemáticamente.

¿Vivir cerca de una central puede afectar a la salud?

Las centrales operan con límites administrativos de emisión muy por debajo de los umbrales permitidos, los cuales ya incorporan muchos márgenes, y bajo una vigilancia y supervisión continua. De este modo, el impacto radiológico de una central nuclear resulta menor que el que recibimos de la radiación natural, por lo que no puede afectar a la salud de manera discernible.

El estudio epidemiológico del posible efecto de la radiación sobre la salud de la población que reside en las proximidades de las centrales nucleares, que el Consejo de Seguridad Nuclear encargó al Instituto de Salud Carlos III, no encontró ninguna relación entre la cercanía a las centrales nucleares y el incremento de enfermedades o la disminución de la esperanza de vida. Estos aspectos tampoco se detectan entre la población de trabajadores de las centrales nucleares. Los trabajadores de las centrales nucleares residimos también cerca de nuestro puesto de trabajo.

¿Cómo de peligrosa es la operativa habitual en el día a día?

En las centrales nucleares, la seguridad es la máxima prioridad, adoptando lo que se conoce como cultura de seguridad, y se basa en un diseño robusto, múltiples barreras independientes, procedimientos conservadores, entrenamiento continuo y supervisión permanente, tanto interna como externa.

Una central nuclear es una instalación industrial muy controlada, probablemente con niveles de riesgo inferiores a otras grandes infraestructuras energéticas por la duplicidad de todos los sistemas de seguridad, por la intensiva formación y reentrenamiento de los profesionales nucleares, la supervisión de las tareas o el nivel de preparación de los trabajos que realizamos. Actividades cotidianas, que realizamos todos, yo también por supuesto, como la conducción pueden suponernos un riesgo mayor.

¿Cuáles son los mitos más frecuentes?

Algunos de los mitos más frecuentes y por los que más me han preguntado a lo largo de los años quizás podrían ser que “Una central puede explotar como una bomba nuclear”, que “La gestión de los residuos no tienen solución” , que “Las centrales antiguas son inseguras” o que “La radiación siempre es letal” . Todos ellos son falsos y surgen del desconocimiento, de suposiciones cotidianas o de fuentes no del todo fiables. Afortunadamente hoy existen divulgadores, profesionales del sector y fuentes fiables para que acudamos ante la duda o antes de dar algo por certero sin preguntarnos más allá o cuestionarnos la veracidad de lo que nos están contando.

Tras las lecciones aprendidas, ¿serían posibles hoy Chernóbil o Fukushima?

Son dos casos diferentes así que abordándolas por separado, por mi conocimiento del sector y de la industria, diría que, a día de hoy un accidente idéntico a Chernóbil no sería posible porque su diseño y su contexto operativo ya no existen. Fukushima demostró que situaciones extremas, de muy baja probabilidad, pueden ocurrir y, precisamente por eso, se reforzaron de forma masiva las protecciones frente a eventos extremos, pérdida total de energía y accidentes severos, mediante medios redundantes y diversos, que proporcionan una capacidad de respuesta mucho más flexible y completa para este tipo de situaciones de muy baja probabilidad.

La industria actual opera con un enfoque de “defensa en profundidad reforzada”, aprendido directamente de esos accidentes, para todos nosotros, cualquier situación es una oportunidad para mejorar y hacer más robustas, seguras y fiables nuestras centrales.

Foto: Ferran Terrasa es director de Servicios Técnicos en l’Associació Nuclear Ascó Vandellòs. (ANAV). / CEDIDA

Hemeroteca

Tweets recents

Share This